Y tú, ¿cómo te cuidas?

Cómo te tratas es un reflejo de cómo te trataron.

Las emociones podrían definirse como los sensores de nuestro cuerpo, los cuales nos informan acerca de algo que esta ocurriendo, tanto fuera, como dentro. 

Desde pequeños, descubrimos y aprendemos las estrategias de regulación emocional de nuestras figuras principales de cuidado, a partir de la interacción que tenemos con estos, y de la observación de sus propias formas de manejar las emociones.  A medida que interactuamos con ellos, vamos incorporando a nuestro esquema mental modelos de relación, tanto con nosotros, como con los demás.

¿Quieres saber más acerca de este tema? Pincha AQUÍ para leer nuestro artículo acerca del apego, en el que explicamos cómo varía nuestro comportamiento en función del vínculo establecido con nuestras figuras de protección.

Si en esta etapa tuvieron la capacidad de reconocer nuestras necesidades, emocionales y físicas, y se aproximaron para atenderlas, progresivamente, nosotros mismos seremos capaces de ir cubriéndolas a medida que vamos creciendo; en otras palabras, nos habrán enseñado a cuidarnos. Sin embargo, si nunca sintonizaron con nosotros, nuestras emociones y necesidades serán como objetos extraños: no sabremos qué hacer con ellas y, a veces, ni siquiera, qué estamos sintiendo. 

Y, ¿a qué nos referimos con regulación emocional?

Una persona que sabe cómo regularse emocionalmente, es capaz de identificar, sentir y manejar adaptativamente sus emociones. Tener una buena regulación emocional supone ser capaz de darse cuenta de lo que se está sintiendo, ponerle nombre y, si el momento y el lugar se lo permiten, expresarlas sin llegar a permitir que se desborden.

Si no podemos dejar salir lo que estamos sintiendo, porque la situación no es la más adecuada, pospondremos la emoción para poder liberarla en otro momento. 

Regularnos adecuadamente a nivel emocional, no sólo implica reducir la intensidad de lo que estamos sintiendo, sino que también se incluyen aspectos como: cómo interpretamos la emoción, qué nos decimos sobre lo que sentimos, cómo atendemos y satisfacemos nuestras necesidades, etc. 

Cuando no regulamos bien nuestras emociones podemos caer en la supresión de estas: tapándolas y rechazándolas, o, en el polo opuesto, dejar que se desboquen, controlándonos ellas a nosotros. 

De niños, la mayor parte de nuestro aprendizaje depende de nuestro entorno, pero, como adultos, podemos entrenar nuevas formas de manejar nuestras emociones. Es posible que en nuestra infancia, no nos enseñaran a abrazar nuestra tristeza, a modularla y a dar una respuesta adaptativa a esta; en cambio, aprendimos a ocultarla, acumulándola interiormente, saliendo más tarde en forma de rabia o de agotamiento permanente. 

Aprender a cuidarnos cuando nunca nos han enseñado, es un camino arduo; aprender a llevarnos bien con nosotros mismos, cuando nos sentimos mal, no es fácil. El autocuidado es un concepto importante en la cuestión de la regulación emocional. 

¿Qué tipos de autocuidado existen? 

  • Por un lado, existe el autocuidado físico: cuidamos nuestra alimentación, hacemos ejercicio físico regularmente, acudimos al médico si nos encontramos mal, mantenemos una buena higiene, etc.
  • Por otro lado, está el autocuidado cognitivo o mental, gracias al cual, nos preocupamos por tener un diálogo interno sano; es decir, no nos criticamos ni nos machacamos por sentir lo que sentimos.
  • Y por último, el autocuidado somático: conectamos con las sensaciones corporales, y les prestamos la atención necesaria. 

Así, la vida consiste en aprender; podemos no haber contado con figuras que nos enseñaran a cuidarnos, pero es el momento de empezar a hacerlo: es el momento de darnos un abrazo a nosotros mismos y de hablarnos con cariño y respeto. Vamos a cuidarnos, en lugar de maltratarnos.

Cuando comencemos a hacer estos cambios, podremos sentirnos confusos y desorientados; no sabremos qué hacer ni cómo hacerlo. Por eso, si crees que puedes necesitar ayuda para empezar, no dudes en pedirla: Ayúdate, sé tu mejor amigo. Nunca es tarde para dar el paso. 

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