¿Qué hago si mi hijo tiene problemas de atención?

Hay muchos/as madres/padres preocupados/as, porque ya no saben qué hacer con sus hijos/as con dificultades para prestar atención, cumplir normas, y que, por ende, cursan con un bajo rendimiento en el colegio.

Es normal no saberlo todo sobre la infancia y tener miedo a cometer errores con los/as más pequeños/as; sin embargo, existe la manera de hallar soluciones nuevas y más eficaces, y hay muchos profesionales con los que se puede contar para obtener orientación, sin que eso signifique ser un mal padre/madre.

¿Sabías que cada vez es más numeroso el número de niños/as bajo el diagnóstico de TDAH (Trastorno por déficit de atención y/o hiperactividad)? Hace referencia a comportamientos como estar distraído/a, actuar con impulsividad, ser olvidadizo/a, y tener dificultad para regular emociones. En los centros escolares, cada vez es más común el uso de estas etiquetas (muy a la ligera), como si fuese un centro sanitario más, y es muy cuestionable la utilidad de este modo de proceder. En muchas ocasiones, esta etiqueta se asigna a niños/as con niveles de inatención y actividad, completamente normales, aunque resulten molestos.

Tratar de enfermedad lo que, en gran medida, es un problema comportamental modificable, puede influir en que padres/madres y profesores/as, dejen de hacer lo que es verdaderamente relevante. Se  puede caer en el error de atribuir el mal comportamiento al trastorno, y de esta manera, caer en una dejadez, que implica no hacer lo que sería necesario. El entorno tiene mucho que hacer para conseguir que el comportamiento del menor sea el adecuado.

Antes de comentar unas sencillas y breves pautas, destaquemos lo siguiente: vivimos en la era de las pantallas, cada vez es más común ver a niños/as jugando a juegos o utilizando aplicaciones de pantalla, sin límites. No es cuestión de demonizar las tecnologías, pero es esencial reconocer que, cuando los niños están acostumbrados a estar sobreestimulados, a no esperar o a evitar el esfuerzo mental, es completamente comprensible que, a la hora de la verdad, no sepan comportarse acorde a nuestras expectativas. A los/as niños/as tenemos que enseñarles, no esperar que sepan.

Es verdad que hay muchos/as niños/as que tienen problemas de atención, pero, ¿alguien les ha enseñado a hacerlo mejor? ¿Alguien les ha acompañado en el proceso de aprender a no dejarse llevar por las tentaciones de sus distracciones? ¿Alguien les ha enseñado que la frustración es una emoción transitable e inevitable?

La buena noticia es: ¡Pueden aprender!

El TDAH se define como un fallo en las funciones ejecutivas (planificación, organización, autocontrol, memoria de trabajo, seguimiento de reglas…). El desarrollo y aprendizaje de estas habilidades, se da de forma natural en el juego tradicional, el cual tiene un papel crucial en el desarrollo de los niños. Evitar que el juego libre y tradicional sea sustituido por tiempo de exposición a pantallas en edades tempranas, ya es una forma relevante de favorecer su desarrollo.

¿Qué se puede hacer para que un/a niño/a con estas dificultades mejore su rendimiento?

Ayudas escolares

Los/as niños/as con estos fallos conductuales, necesitarán más constancia para desarrollar hábitos, como la organización de los materiales y planificación de las tareas. Consistirá en un plan de entrenamiento en el que se le irán traspasando más responsabilidades de manera progresiva; para esto, hay que determinar qué es capaz de hacer de forma independiente, y qué es capaz de hacer con una guía o acompañamiento; a esto último, se le denomina, en psicología, “la zona de desarrollo próximo”. La idea es practicar las habilidades a adquirir por encima del nivel de confort.

Cuando un/a niño/a se enfrenta a tareas que le generan sensación de frustración y fracaso, es menos probable que las realice; sin embargo, si conseguimos que poco a poco se sienta capaz y exitoso/a, conseguiremos que esté motivado/a. Será necesario un contexto de colaboración casa-escuela y propiciar situaciones en las quepillemos al niño/a” actuando bien.

De esta manera, tendremos oportunidades para reforzar comportamientos como esforzarse, poner empeño en organizarse, intentar hacer las cosas despacio y prestando atención… El/La niño/a se sentirá reconocido/a por aprender poco a poco las habilidades que esperamos que tenga.

Herramientas de la Mente

Consisten en una serie de actividades que se pueden integrar en las tareas escolares, cuyo objetivo es mejorar las funciones ejecutivas que se reconocen en déficit. A continuación, se proponen unas pautas sencillas, tomadas de trabajos de otros autores (Diamond et al.,2007; Diamond y Lee, 2011;Marino Pérez, 2018):

  • Uso de ayudas externas: Utilizar ayudas visuales (dibujos con cartulinas, señales, muñecos…). A medida que se practican habilidades (como esperar o escuchar al otro sin interrumpir) utilizando estas ayudas externas, se irán automatizando y, poco a poco, se podrá prescindir de ellas; su función, sería semejante a la de los ruedines en las primeras bicicletas.
  • Regulación de la conducta de otros/as: Poniendo a los/as niños/as por parejas, uno/a ejecuta una serie de tareas, mientras el otro/a, las supervisa y se inhibe de realizarlas.
  • Uso del habla privada como autorregulación: Consiste simplemente en decirse a uno/a mismo/a lo que hay que hacer y en qué orden: “primero hago esto, luego aquello,etc.” Esto se debería practicar sobre actividades diversas y cambiando las reglas, para forzar al niño/a a actuar pensando.
  • Juego de roles: Consistirá en una actividad divertida en la que a cada niño/a se le asignará un rol (médico-enfermo/a, profesor/a-alumno/a, madre/padre-hijo/a, cocinero/a-camarero/a), y tendrán que planificar una tarea imaginaria paso por paso (curar una herida, hacer un examen, tareas del hogar, atender a un cliente). Esto les obligará a planificar una secuencia de acciones, ser más conscientes del tiempo que lleva hacer algo y desarrollar la memoria de trabajo.

Lo cierto es que, casi cualquier actividad cotidiana se puede utilizar para desarrollar, practicar e integrar funciones ejecutivas (planificación, organización, espera, memoria, autocontrol…). Siempre y cuando sea constante, consistente y dentro del desarrollo próximo… ¡imaginación al poder!

Intenciones de Implementación 

Muchas veces decimos a los/as niños/as lo que tienen que hacer, pero en ocasiones, para ellos/as no es suficiente con saberlo. Aunque conozcan que deben realizar una tarea con prioridad sobre otras, en el momento de hacerlo, es posible que tengan que enfrentarse a distracciones y tentaciones. Enfrentarnos a nuestros deseos inmediatos, no siempre es fácil.

Es importante desarrollar un plan y un compromiso con el objetivo que se quiere conseguir, a la par que uno intenta distraerse de los impulsos de sus deseos inmediatos y aguantar la frustración de la espera.

Una técnica sería el plan “si-entonces”, aplicado a cualquiera que sea el objetivo que queremos que el niño/a consiga; tendremos que:

  • Instrucción de la tarea: Explicar en qué va a consistir, por ejemplo, recoger la habitación nada más terminar los deberes.
  • Intención del objetivo: Terminar pronto con las responsabilidades para tener más tiempo libre de juego.
  • Intención de implementación: Si en el momento de empezar a recoger te entran ganas de jugar, pintar o tirarte en el suelo, entonces, pensarás en tu objetivo y el beneficio que obtendrás, intentarás distraerte de tus tentaciones (esto también se aprende) y no actuarás de forma impulsiva.

En resumen, esto consistirá en trazar un plan de cómo, cuándo y dónde, se va a poner en acción la meta propuesta. 

Para poder fortalecer el compromiso con la acción, será necesario aprender a “enfriar” los impulsos y distanciarse de ellos. Para aprender a esperar, puede ser muy beneficioso utilizar ejercicios de mindfulness (intentar verse desde fuera, como si una mosca te observa desde la pared; observar las nubes en movimiento para comprender el paso de los pensamientos, ponerse un peluche en el vientre y hacer ejercicios de respiración…) Tras estos ejercicios, sería beneficioso alentar al niño/a a expresar cómo se siente.

Implicar a los padres

Los/as padres/madres han de aprender a enseñar los hábitos que ellos mismos esperan de los/as niños/as. Habilidades que se echan en falta en niños con estos problemas pueden aprenderse a través de juegos y actividades cotidianas. En función del caso, la constancia de este tipo de actividades ha de ser mayor o menor. Es importante entender que no funciona con hacerlo durante una semana, es un entrenamiento progresivo que irá cesando conforme veamos que el niño integra las habilidades esperadas.

Queremos recordar, el valor del refuerzo positivo (reconocer y valorar los comportamientos que se aproximan a la meta deseada). Se debe hacer hincapié en comportamientos como:“cuánto te has esforzado”, “buen intento”, “has ordenado muy bien la mesa” y se debe evitar reforzar atributos como “que listo eres” o “qué bueno eres”, ya que cuando se enfrente a dificultades puede que aumente la frustración: “si soy listo, ¿por qué no soy capaz?”

Esperamos que os haya resultado esperanzador conocer la cantidad de cosas que se pueden hacer para mejorar ciertas habilidades de los/as niños/as. La mayoría son estrategias bastante sencillas que, tan solo, necesitan de constancia y congruencia. Si os encontráis con dificultades o necesitáis saber más, no dudéis en contactar con nosotros/as para orientación. 

            Perez, M. (2018): Más Aristóteles y menos Concerta, pp.162-197. Ulzama, España. Ned Ediciones.

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