¿Qué es el trastorno de pánico?

Debido a la pandemia de la COVID-19 y a las circunstancias tan estresantes a las que nos hemos tenido que enfrentar en estos dos últimos años, ha aumentado la presencia de muchos problemas psicológicos en la sociedad. A continuación, te contamos en qué consiste uno de ellos: el trastorno de pánico.

¿QUÉ ES EL TRASTORNO DE PÁNICO?

M. es un hombre de 45 años. Tiene una familia estructurada, de la que recibe apoyo, cuidado y comprensión; tiene un trabajo que le gusta y un grupo de amigos con los que disfruta las tardes de los sábados.

Bebe una taza de café al día, y alcohol, de forma responsable, no más de 1 vez cada semana; no fuma ni consume otras drogas.

Le disgustan los parques temáticos y la velocidad. No le agradan las alturas, pero no diría que sufre de un vértigo incapacitante. 

Hace dos años, sufrió lo que él define como una “crisis de ansiedad”, a consecuencia de una situación de inestabilidad en el trabajo. Desde entonces, menciona que varias áreas de su vida se han visto afectadas por los síntomas que manifiesta. Por ese motivo, decide comenzar una terapia psicológica. 

M. padece lo que se conoce como trastorno de pánico.

Es un trastorno de ansiedad, caracterizado por la aparición súbita de un miedo intenso o malestar significativo que, alcanza su máxima expresión en minutos, en forma de ataques imprevistos recurrentes.

Durante los mismos, aparecen algunos de los siguientes síntomas, según el manual diagnóstico DSM-5:

  • Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Temblor o sacudidas.
  • Sensación de ahogo.
  • Dolor o molestias en el tórax.
  • Náuseas o malestar abdominal.
  • Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
  • Escalofríos o sensación de calor.
  • Sensación de entumecimiento u hormigueo (parestesias).
  • Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (sensación de separarse de uno mismo).
  • Miedo a perder el control o de “volverse loco”.
  • Miedo a morir.

En los pacientes que sufren este trastorno, después de haber sufrido un ataque de pánico, pueden darse los siguientes escenarios:

  • Inquietud o preocupación continua acerca de otros ataques de pánico o de sus consecuencias, como el miedo a morir o a volverse loco.
  • Un cambio significativo en su comportamiento, relacionado con los ataques, como la constante evitación de sensaciones que recuerden a lo experimentado durante la crisis.

La frecuencia y la gravedad de los ataques de pánico varían ampliamente; sin embargo, tienen en común la preocupación por las implicaciones que estos puedan tener sobre sus vidas que, habitualmente, se asocia con el desarrollo de comportamientos de evitación, que pueden reunir los criterios de otro trastorno de ansiedad: la agorafobia.

¿Te gustaría saber en qué consiste la agorafobia? Pincha AQUÍ para leer nuestro artículo sobre este tema, en el que explicamos cómo han aumentado los casos de pacientes que sufren este trastorno, desde el comienzo de la pandemia provocada por la COVID-19.

El trastorno de pánico, a menudo, está acompañado de otras dificultades, además de la agorafobia, como trastornos depresivos (depresión mayor, distimia), trastorno obsesivo compulsivo (TOC), consumo de sustancias, etc.

La prevalencia estimada está en un 2-3% en población general, apareciendo con más frecuencia en mujeres que en hombres.

¿QUÉ PUEDO HACER YO PARA ENCONTRARME MEJOR?

Como se mencionaba previamente, es habitual que, debido a lo desagradable que son los ataques de pánico, se tienda a anticipar que van a volver a suceder y/o que se eviten las sensaciones que recuerdan a las crisis pasadas

En la mayoría de trastornos de ansiedad, este tipo de comportamientos son los que, a pesar de que aportan una falsa sensación de seguridad y generan un alivio inmediato, suelen ser la causa de que el problema se mantenga

Como vimos en el artículo de Agorafobia, es importante entender cómo funcionamos para identificar qué tenemos que cambiar.

Por ello, recomendamos que realices un autorregistro, en el que apuntes las crisis a las que te enfrentes o los momentos en los que sientas ansiedad, además de los pensamientos, emociones, sensaciones corporales y cómo actuaste en cada situación, ya que puede ayudarte a mejorar tu capacidad de introspección y de control. 

Es importante que tomes nota de si realizas algún ritual o tienes algún “comportamiento de seguridad” cuando aparecen los síntomas, como buscar tu medicación, inhalador, móvil, etc., tomarte las pulsaciones o medir tu nivel de oxígeno en sangre, sentarte en el suelo para evitar un posible desmayo (teniendo solamente pensamientos anticipatorios de que pueda suceder), etc. 

Cuando tengas suficiente información acerca de qué situaciones y pensamientos detonan las crisis y entiendas cuál es tu reacción automática, intenta realizar pequeños cambios, exponiéndote, poco a poco, a aquello que temas.

Puedes hacerlo en situaciones del día a día, o en situaciones controladas, en las que te enfrentes, por ejemplo, al mareo con una silla giratoria, al aumento de la tasa cardiaca haciendo deporte de forma intensa, o la sensación de ahogo con ejercicios de apnea (contener la respiración).  

Es importante señalar que este tipo de ejercicios son complicados de realizar correctamente sin la orientación de un profesional, que pueda aconsejar específicamente, en función de cada caso, cuál es la forma de intervención más adecuada.

¿CUÁLES SON LOS TIPOS DE TERAPIA MÁS EFICACES?

Los tipos de terapia que han obtenido mejores resultados a la hora de abordar el trastorno de pánico son los siguientes:

  • En primer lugar, la psicológica, a través de técnicas de reducción de la activación, la reestructuración cognitiva, la desensibilización sistemática o la exposición con prevención de respuesta en vivo.
  • En segundo lugar, la farmacológica, a través del uso de inhibidores específicos de la recaptación de serotonina (ISRS), como fluoxetina o sertralina, y ansiolíticos, como las benzodiacepinas. 

Es poco probable que las personas que padecen trastorno de pánico se recuperen de forma espontánea y que sus síntomas desaparezcan simplemente con el tiempo; por ello, es importante buscar ayuda profesional, con el fin de progresar y vivir de forma saludable.

Si te has sentido identificado/a con este artículo y quieres dar el paso de iniciar una terapia psicológica, puedes contactar con nosotros: estaremos encantados de acompañarte en tu proceso.

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