Problemas de comunicación en la pareja

En general, uno de los principales problemas y origen de las rupturas de pareja es una mala comunicación, o en los casos más extremos, una comunicación inexistente.

La comunicación ha sido definida a lo largo de la historia como el proceso de transmisión e intercambio de mensajes entre un emisor y un receptor. En la sociedad en la que vivimos, es la manera de defender nuestros intereses, transmitir un mensaje, exponer un problema común… es decir, se ve implicada en un inmenso abanico de las situaciones que vivimos en nuestro día a día. La psicología le ha dado el valor que tiene a esta habilidad y la ha estudiado como elemento principal y como componente de otras problemáticas.

La relación de pareja se forma a través del vínculo que se crea entre dos individuos distintos con la intención de formar un proyecto común. Las diferencias que pueden surgir en este camino compartido (como la manera de hacer la cama, el orden de los utensilios en la cocina, dónde ir de vacaciones…), pueden generar malestar en el día a día de la pareja. Estos conflictos pueden solventarse de forma óptima, quedando como una anécdota más, o pueden ser el origen de ciertos hábitos que pueden quedar enquistados, afectando a la relación.

La gran mayoría de estas situaciones pueden ser resueltas si existe una comunicación sana y fuerte. Los siguientes consejos son vitales para comenzar a crear los cimientos de una relación duradera:

  • Escuchar para comprender, no para contestar: resulta obvio que para una comunicación eficaz sea necesario escuchar, pero, ¿sabemos escuchar? La escucha activa consiste en no escuchar para contestar, sino para entender lo que la otra persona nos quiere transmitir. Si no comprendemos lo que nos quieren transmitir, ¿cómo vamos a comunicarnos? No debemos interpretar si no estamos seguros de lo que tratan de decirnos; en este caso, es mejor parar y preguntar.
  • Aprender a expresar lo que se piensa, sin herir al otro: hay momentos en los que resulta complicado no perder los papeles debido a la carga emocional que va adquiriendo la conversación, ya que podemos decir cosas que ni siquiera sentimos fuera de esa situación. Por ello, es importante aprender de situaciones anteriores y prevenir estos momentos desagradables: es mejor retirarse, y hablar las cosas cuando nos encontremos más
    calmados. Esto, además, nos permitirá ver el problema desde otra perspectiva.
  • Aprender a llegar a acuerdos: en cualquier tipo de relación hay que saber llegar a puntos de acuerdo, en los que se asume que ambas partes habrán de ceder parte del terreno. Además, es importante conocer tanto los límites propios como los del otro, y ser honestos con ellos. Así mismo, es necesario ser sincero con la otra persona y plantear estas diferencias.
  • Empatizar con el otro punto de vista: hay veces, en las que nos empeñamos en tener la razón a toda costa: el ego gana a la razón. Una buena forma de evitar este problema, es tratar de estipular el término medio entre las dos opciones que se plantean. Así, se
    fomentará una relación en la cual se tendrán en cuenta las necesidades de ambas partes.
  • No recriminar el pasado: es frecuente comenzar una discusión en forma de reproche, haciendo alusión a conflictos anteriores que no fueron resueltos; éstos, siguen causando el mismo daño, pero ahora con doble filo: en la víctima, y en quien, supuestamente, cometió el error, que parece que nunca podrá quitarse esa lacra. Por esto, es fundamental el cierre de estas heridas de forma definitiva.
  • Hablar desde el “Yo”: es conveniente, al hablar con la pareja, intentar no condenar y reducir el discurso a expresiones como: “Tú hiciste…”, “Tú me dijiste…”; en lugar de esto, es preferible emplear, “Yo me sentí…”, “Me causó…”, es decir, hablar de los sentimientos propios y no de las acciones de la otra persona. Este modelo de comunicación, basado en la expresión de los problemas desde tu estado emocional, resulta una manera eficaz de reducir el malestar en una discusión y de clarificar cómo se ha sentido cada parte de la pareja.
  • Tomar el problema como punto en común: muchas veces, las discusiones se magnifican porque dejamos que el problema se haga enorme entre nosotros. Abordar la causa de la discusión como un equipo, evitando así la creación de bandos situados en dos extremos polarizados, ayuda a que se perciba al conflicto como rival, y a la pareja, como aliado ante el problema.

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