La disociación, el invitado desconocido.

¿Alguna vez te ha ocurrido que, estás en un lugar, pero no sabes cómo has llegado hasta ahí? o, ¿te has mirado al espejo y sabías que eras tú, pero no te reconoces como tú mismo/a?

Estos fenómenos pueden ser, hasta cierto punto, normales. A todos nos ha pasado alguna vez, llegar a la cocina sin saber para qué hemos ido, o cómo hemos llegado hasta allí; o, por ejemplo, mirarse fijamente durante un largo periodo de tiempo en el espejo, y empezar a tener una sensación de extrañeza sobre uno mismo. Sin embargo, en la disociación, esto puede ocurrir todos los días, y con bastante frecuencia. 

La disociación es un mecanismo de defensa psicológico, que consiste en una desconexión de la realidad, de nuestro cuerpo, y de nuestras emociones. Como consecuencia de esto, se produce una falta de integración en la persona. 

En la disociación, la personalidad, la conciencia y la identidad, están fragmentadas. 

Hay cierta confusión de identidad: “no sé quién soy”, «no me entiendo a mí mismo/a», «lo que hago, lo hago de manera automática, como si no estuviera siendo yo quien ejecuta la acción, o como si no fuera yo el que piensa lo que estoy pensando, como si vinieran desde otro lugar, e incluso no entiendo por qué siento lo que siento». 

Los orígenes de la disociación son variados: desde experiencias traumáticas que fueron difíciles de tolerar, hasta haber nacido y crecido en un entorno en el que nuestras necesidades no eran escuchadas, ni atendidas. 

El apego desorganizado es otro factor predisponente a padecer disociación. En este tipo de apego, las figuras que deberían cuidarnos y protegernos, son, a la vez, la fuente de peligro y amenaza; es decir, donde busco refugio, recibo daño, ya sea emocional y/o físico. Nuestra mente no comprende todo esto, por lo que, se escinde y se separa.  

Aquí, cabe considerar la diferencia entre trastornos disociativos y síntomas disociativos. Estos últimos, se pueden manifestar en el día a día, tras algún evento estresante, o durante la terapia, tras comentar algo muy doloroso para la persona, que lleva años evitando abordar. Por eso, no llegan a considerarse trastornos como tal. 

Entre los trastornos disociativos, encontramos:

  1. La amnesia disociativa. 

La amnesia disociativa se caracteriza por presentar una pérdida de memoria, que puede abarcar desde algún tipo de dato personal, hasta etapas completas de la vida del individuo. Puede durar desde horas, hasta años.

Este tipo de amnesia no se debe a alguna enfermedad orgánica, o a un traumatismo cerebral.

  1. La fuga disociativa. 

La manifestación principal de este trastorno, es la realización de viajes repentinos en los que el individuo, puede llegar a desplazarse lejos de su propia casa. Estos episodios se acompañan de un estado de confusión, en el que la persona no recuerda su identidad, y puede llegar, incluso, a desarrollar una nueva. 

Lo más frecuente son las micro-fugas, las cuales duran de minutos a horas; en estos episodios la persona puede llegar a un lugar, sin saber cómo, ni para qué. 

  1. El trastorno de despersonalización y de desrealización. 

Ambos trastornos consisten en una desconexión: cuando hablamos de despersonalización, nos referimos a la desconexión con uno mismo, con las propias emociones y pensamientos. Aquí, la persona puede sentirse como un observador externo de sí mismo; puede sentirse extraña e incluso irreal, y como si sus actos, pensamientos y emociones, no fueran suyos (aunque sí sepa que son suyos, no los percibe como tal).  

La desrealización es la sensación de que el mundo no es real. La desconexión se produce con el entorno y con la realidad, como si esta fuera una película. El mundo se ve a través de una neblina. Se altera la percepción del tamaño, intensidad, forma, color y distancia a la que se encuentran los objetos y los sonidos. El tiempo puede parecer que avanza demasiado rápido o demasiado lento, o algo que ocurrió hace poco, se percibe como si hubiera sucedido hace años. 

  1. El trastorno de identidad disociativo (TID). 

En el TID hallamos la existencia de dos o más personalidades, cada una con su propia manera de percibirse a sí mismo y al mundo. De forma recurrente, afloran al menos dos de estas personalidades, tomando el control de las conductas de la persona alternativamente. 

La amnesia disociativa es un síntoma presente y característico de este trastorno.

El TID se conocía anteriormente como el trastorno de personalidad múltiple. 

Teoría de la disociación estructural.

Para Van der Hart y sus compañeros, el trauma implica consecuencias como la división de la personalidad. Nuestra personalidad tiende a funcionar, organizadamente, en base a dos sistemas: el sistema de supervivencia (alimento, cuidados, etc), y el sistema de defensa (lucha, huida y congelación o paralización).

Cuando vivimos un evento traumático, estos dos sistemas se separan, funcionando cada uno de manera independiente: uno, orientado a protegerse de cualquier estímulo potencialmente peligroso, ya que se encuentra estancado reviviendo el suceso traumático; y el otro, centrado en seguir viviendo, o sobreviviendo, evitando pensamientos, sentimientos, emociones, y todo lo que le pueda recordar lo que vivió.

En definitiva, nuestra personalidad e identidad se fragmentan, dando lugar a diferentes partes: la parte aparentemente normal (PAN), y la parte emocional (PE).

La PAN se encarga de que el sistema siga hacia delante, evitando física y mentalmente, todo lo relacionado con la experiencia traumática; esto le permite a la persona poder ir a trabajar, mantener las relaciones sociales, etc. Las manifestaciones de la PAN en el día a día pueden ser, por ejemplo, una falta de conexión emocional con uno mismo y con los demás, o un exceso de control en las diferentes áreas de su vida. 

Por otro lado, la PE es la que se mantiene reviviendo la situación traumática, en forma de emociones, sensaciones, pensamientos intrusivos y conductas. La PE aparece, de manera inconsciente, cuando algo recuerda a esa situación traumática; es decir, se puede activar por alguna sensación en el presente que recuerde a esa experiencia, o por volver a vivir una situación similar. Un ejemplo de esto, puede ser haber sido humillados de pequeños y que, ahora, una persona haga una broma sobre nosotros y nos sintamos tan indefensos como entonces. 

Tipos de disociación desde la teoría de la disociación estructural:

  1. Disociación estructural primaria:

En esta, observamos la presencia de una PAN y una PE. 

Este tipo de disociación se corresponde con el de la amnesia disociativa, con un episodio de estrés agudo, y con el trastorno de estrés postraumático (TEPT). 

  1. Disociación estructural secundaria:

Aquí hallamos una PAN, y más de una PE, cada una con una función diferente, fijadas en una aspecto distinto del trauma, las cuales pueden haberse originado por situaciones traumáticas diferentes. Una PE, puede haberse desarrollado tras sufrir un abuso, y otra, por haber sido traicionado por una persona significativa. 

Esta es característica de los trastornos de estrés postraumático complejos (TEPT-C, todavía no incluídos en el manual de diagnósticos de trastornos psicológicos), de algunos trastornos de personalidad, y de los trastornos disociativos no especificados (TDNE). 

  1. Disociación estructural terciaria:

Esta aparecería en los casos más graves: en los TID. En la disociación estructural terciaria encontramos, no sólo varias PE, sino también varias PAN: siendo, ninguna, consciente de las otras. En estos casos  el mundo interno de la persona está tan fragmentado, que no puede tener sólo una PAN. 

Tales PAN, se presentarían, por ejemplo, como una parte cuidadora, y otra, buena deportista. La parte cuidadora tiene claro que no ha practicado deporte nunca; de hecho, incluso, lo odia. Y la parte que es buena deportista, puede no tener ni idea de cuidar.

·La disociación es un concepto que apareció en el siglo XIX, y desde entonces, las definiciones no difieren mucho, ya que incluyen la falta de conciencia, de integración y la desconexión. Desde el principio se tenía claro que la disociación era un mecanismo de defensa, por el que la mente separaba aspectos que no podían ser tolerados por la persona. 

Aún así, es un fenómeno que llama mucho la atención, dejando de manifiesto lo compleja que puede llegar a ser la mente del ser humano.

Hoy en día son varios los profesionales de la salud mental que investigan este fenómeno, su origen, desarrollo y tratamiento, y existen estudios científicos y libros muy interesantes, como “No soy yo» de Anabel González, y «El cuerpo lleva la cuenta» de Bessel Van der Kolk. 

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