EL PSICÓPATA DENTRO DE UN MUNDO SOCIAL

La psicopatía es un constructo que no está completamente delimitado.

A diferencia de los trastornos psicológicos, que se recogen en manuales diagnósticos de forma más o menos clara, en este caso no existe un patrón único definido, a partir del cual, se pueda distinguir de forma irrefutable a un psicópata.

Hay autores que estiman la prevalencia de la psicopatía entre el 1 % y el 6 %, siendo mayoritariamente hombres quienes presentan estos rasgos.

Debido a que un psicópata no tiene por qué ser únicamente el asesino en serie que todos nos imaginamos, de aquí en adelante nos centraremos en el psicópata a pie de calle, adaptado a la sociedad y relacionándose con los demás sin levantar sospechas en su entorno de esta doble cara.

¿Cómo es el Psicópata en sus relaciones sociales?

Un psicópata puede ser visto como un camaleón, ya que es un especialista en engañar a la gente. Cuando detectamos ciertos fallos en su conducta, él puede admitirlos con tranquilidad, y felicitarnos por nuestra perspicacia; suele tener respuesta para todo. Algunos de sus rasgos más importantes en el área interpersonal, serían los siguientes:

  • Locuacidad, inteligencia y encanto superficial: Han aprendido a comportarse de acuerdo a las normas sociales, y esto les convierte en expertos a este nivel. Muestran un falso carisma que, a veces, puede destacar por falta de naturalidad.
  • Egocentrismo y grandioso sentido de la propia valía: Su narcisismo (por supuesto, oculto), les hace mostrarse muy seguros de sí mismos, transmitiendo confianza a quienes les rodean.
  • Falta de remordimiento o sentimiento de culpa: Esta ausencia, los lleva, de forma irónica, a mostrarse en muchas ocasiones como las víctimas reales de lo que ellos mismos han provocado.
  • Falta de empatía: A pesar de poder llegar a entender a nivel cognitivo lo que el otro está sintiendo, lo disocian de la parte emocional, convirtiendo este intento de empatía, en una forma de poder seguir manipulando al otro.
  • Mentiras y manipulación: Su vida se basa en una consecución de mentiras, que bien pueden ser absurdas y sin ningún propósito (viajes, conocidos famosos, estudios…), o directamente emitidas para poder seguir su vida como ellos quieran, no importando los sentimientos de los demás (infidelidades, estafas, robos…).
  • Emociones superficiales: Los psicópatas muestran menos actividad en áreas del cerebro relacionadas con la evaluación de las emociones vinculadas a las expresiones faciales; en particular, son menos receptivos a los rostros que expresan temor. Además, se ha encontrado en diversas investigaciones, que muestran diferente reactividad psicofisiológica a emociones relacionadas con la ansiedad y el miedo. Su capacidad de adaptación los lleva a un aprendizaje constante, a nivel teórico, de las emociones y de cuándo, cómo y por qué han de sentirlas.
  • Impulsividad y déficit en el control de su conducta, o control exagerado: Muchas veces, sorprenden a quienes les rodean, con reacciones a las que no están acostumbrados; cuando un psicópata está bien adaptado, es probable que haya aprendido a comportarse de una manera templada, acorde a las normas sociales.
  • Estilo de vida parasitario: Cuando no han logrado un empleo estable (algo habitual, ya que no suelen ser capaces de mantener un proyecto de vida a largo plazo), vivirán del dinero de su pareja o su familia; en este sentido, también es frecuente que pidan créditos sin que nadie lo sepa, que vendan propiedades de sus familiares o allegados sin su consentimiento… por supuesto, todo esto, sin que les importen los sentimientos de los demás.
  • Ausencia de amigos, sólo conocidos: Es frecuente que, en sus comienzos, hayan utilizado o mostrado sus rasgos más crueles a/con familiares o amigos de la infancia; por eso, es difícil que se mantengan relaciones sociales de un grado intenso de confianza, ya que es muy difícil que alguien llegue a conocerles de verdad (precisamente, por su carácter camaleónico).

¿Cómo es el psicópata en sus relaciones de pareja?

Cuando el psicópata decide encontrar pareja, comienza el proceso de caza (y lo llamamos así, por la similitud con ésta); dependerá, en muchos casos, de la disposición anímica de la víctima. El psicópata necesitará crear fascinación en ella, para generar un enganche y dar comienzo a la absorción. 

La seducción es la base de este acto psicopático, y se produce mediante una transferencia bidireccional: la propuesta del psicópata encuentra reflejo en las apetencias del otro. Una de las mayores habilidades de éste es captar las necesidades del otro, o crearle unas nuevas, haciéndole creer de manera irracional que sólo él es capaz de cubrirlas.

Obviamente, necesita que el otro esté de acuerdo, para lo cual usa la persuasión y el encanto, consiguiendo que exista un consentimiento por parte de la otra persona. En su conversación, quizá se muestre como un corazón maltratado por anteriores relaciones, que necesita de toda la paciencia y cariño que ahora se le pueda dar.

No es fácil resistirse ante sus buenas palabras y su encanto personal. Muchas veces, el psicópata tiene problemas para saber qué es realmente lo que su pareja piensa de él, ya que no es capaz de sintonizar con ella. Así, un modo de compensarlo, es a través del control.

Es entonces cuando llega la explotación. Con el ejercicio de este control, se produce un aislamiento paulatino que, al ser realizado con suma inteligencia y cuidado, la víctima no es consciente de cómo ha llegado a él. En este proceso, chupa la energía psíquica de su pareja, hasta dejarla indefensa. Le llevará a vivir situaciones límite, y en ocasiones dudará incluso de su propia salud mental.

Tras esta relación infernal, de lo cual la víctima no suele ser consciente, llega la revelación. Finalmente, debido a su comportamiento errático, la víctima suele darse cuenta de todo lo vivido, descubriendo que ha sido engañada en lo más íntimo.

Cuando la víctima ya es libre, se da cuenta de que la forma de ver la realidad de su ex-pareja, es básicamente irracional: no podemos entender las cosas tal y como él las entiende. Es necesario que comprenda y asuma que él no le quiere, y que nunca va a cambiar. Su mayor virtud, de ahora en adelante, será su constancia, ya que su esfuerzo en recuperar la relación, puede ser recurrente: si ve que puede seguir sacando algo de ella, volverá a intentarlo.

Si se mantiene firme, pasado un tiempo (relativamente corto), se marchará en busca de nuevas víctimas.

La psicopatía, por el momento, no tiene cura ni tratamiento establecido.

Precisamente, por su carácter camaleónico y por su falta de conexión emocional con los demás (siendo éstos, los únicos afectados por su comportamiento), estos sujetos no suelen implicarse en las terapias psicológicas, ni en cualquier tipo de tratamiento.

En cambio, son las personas afectadas por relaciones con este tipo de personas, quienes suelen acudir a terapia en busca de ayuda profesional, saliendo muy beneficiadas y empoderadas tras el proceso

Por eso, si te has sentido identificado/a en algún momento, no dudes en contactar con nosotros/as; que estaremos encantados/as de poder ayudarte.

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