¿Cómo puedo gestionar mi impulsividad?

Seguramente, todos/as hayamos experimentado en alguna ocasión la sensación desagradable de haber dicho o hecho algo de lo que después nos hemos sentido profundamente arrepentidos/as.

Esta situación se puede dar en muchos ámbitos de nuestra vida:

  • En nuestra vida personal: al traspasar ciertos límites con nuestra pareja, amigos/as o familia, llegando a las agresiones verbales e incluso físicas, provocando un daño que puede llegar a ser irreparable.
  • En nuestra vida profesional: al igual que en el apartado anterior, tanto nuestros/as compañeros/as de trabajo, como nuestros/as superiores o las personas a nuestro cargo, también están expuestos/as a nuestros arrebatos impulsivos, y nosotros/as, a los de los demás. En trabajos de cara al público es especialmente importante saber gestionar las emociones relacionadas con el enfado, puesto que, en última instancia, podemos llegar a perder nuestro empleo.
  • Con nosotros/as mismos/as: por último, y no por ello menos importante, debemos tener en cuenta que, uno/a mismo/a es el principal perjudicado/a cuando la impulsividad se apodera de su conducta, llegando a generar sentimientos que, a su vez, pueden provocar otras conductas autodestructivas o irracionales.

¿Cuándo empieza a ser un problema? ¿Cuándo llega a ser patológico?

El límite en el que la impulsividad, al igual que otros problemas psicológicos, empieza a ser un problema, es muy subjetivo y depende de cada persona. Sin embargo, suele haber una regla para identificar cuándo hay que empezar a ocuparse del problema en cuestión:

“Si percibes que la impulsividad está teniendo impacto en una o varias facetas de tu vida, generando un malestar constante, es necesario tomar medidas encaminadas a reducirla o a aprender a gestionarla.”

El momento en que la impulsividad empieza a ser patológica, no depende tanto de factores subjetivos, sino más bien de elementos objetivos y observables, tanto por la persona que tiene un trastorno impulsivo, como por aquellos/as que están a su alrededor. La impulsividad patológica puede tener dos vertientes: por un lado, aquella en la que el acto impulsivo se vuelca hacia la sociedad, y, por otro,  aquella en la que la impulsividad se vuelca hacia uno/a mismo/a.

Ejemplos de impulsividad patológica volcada hacia la sociedad:

  • Cleptomanía: es el impulso de robar objetos, generalmente, de poco valor.
  • Trastorno explosivo intermitente: es un trastorno que se produce al tener reacciones desproporcionadas a situaciones que la persona percibe como amenazantes.
  • Piromanía: es el impulso de provocar incendios de forma recurrente.

Ejemplos de impulsividad patológica volcada hacia uno/a mismo/a:

  • Tricotilomanía: se produce cuando el acto impulsivo se manifiesta arrancando pelos de una zona o varias zonas del cuerpo. En casos extremos se pueden provocar calvas en la zona.
  • Onicofagia: en este caso, el impulso se manifiesta mordiendo las uñas de las manos o de los pies llegando a dañarlas.
  • Ludopatía: es el impulso de realizar apuestas que pueden ir aumentando, tanto en cantidad, como en frecuencia.

¿Cuáles son las características de un acto impulsivo?

Los actos impulsivos suelen estar bien diferenciados porque todos tienen una estructura muy similar:

En primer lugar, el acto impulsivo suele estar precedido por un aumento de la tensión emocional que no hemos aprendido a gestionar, activando nuestro cuerpo a nivel fisiológico. Cuando no podemos controlar esta tensión, es cuando se produce el acto impulsivo, como puede ser agredir a una persona, morderse las uñas o la piel de los dedos, robar… Así, se genera, a corto plazo, una sensación placentera de alivio y/o desahogo. Después, es cuando aparecen los sentimientos de arrepentimiento, culpa y/o la percepción de falta de control sobre nuestros propios actos.

Otra de las características más comunes de un acto impulsivo es que se suele percibir como irreprimible o imposible de controlar.

Es importante destacar que, en la mayoría de los casos, las personas pueden llegar a tener problemas para controlar su impulsividad, sin llegar a niveles patológicos.

¿Qué puedo hacer para gestionar mejor mi impulsividad?

Uno de los elementos más importantes a tener en cuenta, es saber cuándo necesitamos buscar y pedir apoyo para aprender a gestionar nuestra impulsividad. Es habitual encontrar personas que alternan periodos de mucha impulsividad, con periodos de mucha regulación, dando bandazos de un extremo a otro, pero sin que se produzca una mejoría duradera.

Ejercitar la asertividad: es habitual encontrar a personas que tienen un estilo pasivo a la hora de definir límites o de hacer valer su punto de vista, por lo que tienden a poner las necesidades de los demás por encima de las suyas. Esto genera que vayan acumulando una tensión emocional interna, que acaba saliendo de forma explosiva a través de actos impulsivos. En el polo opuesto, están las personas con estilo agresivo que no respetan los derechos y el punto de vista de otros, y utilizan la impulsividad como herramienta para sobreponer sus intereses a los de los demás. La asertividad consiste en el equilibrio entre hacer valer nuestro punto de vista, respetando el de los demás.

Identificación emocional: Otra de las herramientas que debemos ejercitar si queremos reducir nuestra impulsividad, es conocer nuestro estado emocional. Nuestro cuerpo, suele dar ciertas señales de que está acumulando tensión, las cuales pueden acabar generando un acto impulsivo. Conocer estas señales es de vital importancia para poder poner en marcha estrategias antes de perder el control. Algunas de estas señales pueden ser: la agitación, el pensamiento o el habla más acelerado de lo normal o el aumento de la tensión muscular que puede generar dolor.

Relajación: Aprender a relajar nuestro cuerpo es una habilidad transversal a multitud de problemas psicológicos. Relajarnos a través de distintas actividades como la meditación, el mindfulness o la relajación muscular, puede reducir la frecuencia de conductas impulsivas y, a su vez, favorecer la identificación emocional.

Si crees que actualmente tienes un problema para controlar tu impulsividad o crees que puedes tener un trastorno del control de impulsos, no dudes en ponerte en contacto con nosotros/as para encontrar juntos/as una solución, antes de que el problema vaya a más.

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